Regresar para servir: Café Olivo, un sueño que floreció en Arecibo
Una joven boricua vuelve a la isla tras once años y transforma su pasión por el café en un espacio de comunidad, fe y servicio
Después
de diez años fuera de Puerto Rico, Gabriela Ruiz regresó con un propósito:
abrir un coffee shop que fuera más que café, un espacio de paz,
comunidad y amor en Arecibo. El 8 de junio de 2024, inauguró Café Olivo en la
comunidad de Vista Azul, cumpliendo un sueño que llevaba años gestando.
Fachada de Café Olivo, ubicado en la comunidad Vista
Azul en Arecibo, donde se ha convertido en un punto de encuentro para la
comunidad. Foto tomada por Andrea Suarez Morales.
Café Olivo
es un sueño que nació en el corazón de Gabriela hace varios años. Ella comenzó
a trabajar de forma remota en 2018 y, debido a este cambio, los coffee shops
se convirtieron en sus lugares favoritos para socializar y salir de la rutina.
“Desde ahí comencé a soñar con tener mi propio café algún día”, relató
Gabriela.
Después de
diez años fuera de la isla, decidió volver a Puerto Rico con la condición de
que lo haría con un propósito que la motivara a quedarse. Su propósito no tardó
en llegar. “Le pedí a Dios que me diera dirección. Él no solo me dio dirección,
sino que también me dio su nombre. Café Olivo comenzó siendo la excusa para
poner mis pies en casa de nuevo, pero se convirtió en un propósito de comunidad
y servicio”, relató con orgullo.
Café Olivo
está establecido en el pueblo de Arecibo, cerca de la Universidad
Interamericana (UI) y de la urbanización Vista Azul. Según Gabriela, decidió
ubicarlo allí porque sus padres tienen un local comercial justo al lado del de
Café Olivo. Su papá, con mucho amor según ella, decidió preparar ese local
vacío para el negocio de Cafe Olivo. “Arecibo vio crecer a mi mamá y ahora a mí.
Le guardo mucho cariño y espero algún día verlo mejorar”, dijo emotiva.
Para
Gabriela, Café Olivo es un sueño que le permite conectar con sus pasiones: el marketing,
la gastronomía y la psicología. “El proceso creativo para crear Café Olivo fue
divertido”, contó. Gabriela cuenta con una maestría en marketing, por lo
que utilizó a Café Olivo como un experimento. Su prioridad fue encontrar el
“por qué” de Café Olivo y luego definir los valores que lo fundamentan. “Todo
tiene un significado”, afirmó. “El olivo representa la primera promesa en la
Biblia y yo necesitaba que la gente conectara con su significado. Amo que me
pregunten; es mi manera de hablar sobre el amor de Dios”.
Gabriela Ruiz, fundadora de Café Olivo, recibe a sus
clientes con una sonrisa y la pasión que caracteriza su emprendimiento en Arecibo.
Foto tomada por Andrea Suarez Morales.
A pesar de la conmovedora historia detrás de este negocio, el proceso para ponerlo en marcha fue muy duro, según explicó Gabriela. “El sistema de permisos de Puerto Rico, el costo de los alimentos que va en aumento y los gastos operacionales fueron los retos más grandes que enfrenté”, confesó. También relató que, aunque mantener un negocio cuesta, no es imposible, y mucho menos para los puertorriqueños, ya que son un pueblo resiliente.
No todo es
negativo, ya que la comunidad de Vista Azul le ha dado una acogida inmensa a
Café Olivo. Gabriela relató que una de sus prioridades siempre fueron los
clientes. Por esta razón desde el inicio, adoptó la estrategia de escucha
activa. A través de esta, entregaba encuestas a los clientes para que dejaran
reseñas sobre el servicio, la calidad y la comida. Relató que, ya para la
segunda semana de estar en funciones, había adaptado todas las críticas que le
habían dado con tal de mejorar el ambiente del negocio. “Ahí me di cuenta de
que Café Olivo era un café 99% dirigido por Dios y 1% dirigido por la
comunidad”, confesó.
Contó que
ha hecho a los consumidores parte del crecimiento del negocio, ya que para ella
el sentimiento de pertenencia es fundamental. “Muchos clientes me ayudan hasta
a desarrollar ideas de recetas. Son como familia”, relató contenta.Hoy, Café
Olivo se ha convertido en mucho más que un café; es un espacio de encuentro, de
ideas compartidas y de sueños colectivos, donde cada cliente se siente parte de
la familia que Gabriela ha construido en Arecibo.
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